Reviews, press etc

from ‘Revista sala1’, 2012. source

Ben, un espigador sonoro …

Por Antuán Duanel

Ben un espigador sonoro_ Antuan Duanel 1

He salido a dar una vuelta por este barrio mío al que acabo de adscribirme, esperando volver a encontrarme con esos entusiastas -quizá no tanto- del noble arte del espigueo, práctica esta venida a más en estos últimos tiempos que corren malos, malísimos, para la lírica del desconcierto alimenticio. El espigueo no es más que la recogida de alimentos desechados por unos que han considerado inservible lo que bien puede no serlo para otros. En ocasiones me dan ganas de acercarme y asaltar los contenedores como ellos, ¡espigadores!, pero mi distanciamiento no me hace presagiar buenos augurios en tan infinito mundo -el del contenedor, que semeja ingente archivo de, ¡sorpresa!: calidad. Parece que éstos albergan gran cantidad de insospechada materia, aunque realmente la sorpresa, o desconcierto, venga por el desconocimiento que poseemos de mucho del material que hace del vertedero un cementerio de ilusiones.

Sito en esta plaza como estoy, tengo una vista privilegiada de la fuente carroñera que le permitirá a alguno irse a casa -en el mejor de los casos, y brindo por ello- con las manos bien llenas de los despojos de otro; y es que este acto mío de vouyeur de los excluidos se emparenta con una cinta a reivindicar, ensalzar, celebrar, como es Les glaneurs et le glaneuse (Los espigadores y la espigadora), de Agnes Varda, una señora que nos permite conocer la dura vida en los márgenes de una sociedad que no percibe el despilfarro de (sus) recursos. Ya sea la pitanza o el arte -ambos se degustan-, las fuentes se malgastan con tal facilidad que el espectador que (re)descubra los actos con los que se vienen engordando la tala de masa forestal, la carestía de las fuentes de hidrocarburos, la modificación del clima, etc. no sentirá más que el fracaso de una sociedad varada en el capitalismo.

Ben un espigador sonoro_ Antuan Duanel 4Agnes Varda, que comenzó su andadura en 1955, se propone partirnos la jeta de un sopapo con esta película que tiene momentos de enorme valía, gracias a unos episodios que le permiten elaborar una cartografía de desamparados y friganistas. Y es en la unión de los pasajes, esos intersticios que laten vida, donde nos regala la visión de una persona próxima a la muerte, pero plena de la vitalidad propia de los niños; un ser que desea filmar el transcurso de la vida, sin exclusión ni reparo para aquellos que se han -o los han- apeado del furgón de cola de la sociedad.

Puesto que en estas columnas se aúna el cine con la música -o viceversa-, llegado este monento alguno de las valientes que hayais aguantado os preguntareis con qué se va a  relacionar Los espigadores. De acuerdo, la espera -os lo puedo asegurar- ha merecido la pena, porque hoy traigo uno de los secretos mejores guardados de este país (todo esto es matizable). Eclectiktronik, uno de los alias de Ben Roberts, es un tipo que desarrolla instalaciones sonoras y audiovisuales utilizando, fundamentalmente, restos electrónicos, grabaciones de audio y vídeo de desecho. ¡Vaya!, así que también hay espigadores electrónicos que recuperan material para suerte de la música o la práctica sonora.

¡Al loro con lo que predica su página web!, https://eclectiktronik.wordpress.com/ en la que podéis escuchar, aprender y descubrir parte del lado oscuro del capitalismo: “el uso de estos objetos encontrados y modificados – los restos de una sociedad de consumo exacerbado -refleja una postura y una metodología de producción crítica, y un afán por la casualidad, la espontaneidad y la improvisación”.

Ben un espigador sonoro_ Antuan Duanel 2

Para aquellos que duden, les mastico un poco esto. La noble práctica del espigueo reside en recuperar tocadiscos, magnetofones, altavoces, alguna mesa de mezclas rústica -rustiquísima si se me permite-, discos de vinilo rayadísimos, cintas de casete con grabaciones personales -entrevistas, contestador automático, etc.; para modificarlos alterarando su frecuencia (pitch) de un modo simple, o creando drones (colchas ambientales ligeramente siniestras, paisajísticas) marcando en los discos el punto de salto de la aguja y repetición para crear un bucle (loop). El caso es que cualquiera de vosotros estará conformando en su cerebro esa palabra de nueve letras que describe a la perfección el resultado sonoro de todo lo anterior: cacofonía. Pues no, ya que el que tiene la opotunidad de escuchar en vivo una puesta en escena de Eclectiktronik –se prodiga poco la verdad- sale gratamente sorprendido por cómo suena la colisión de elementos tan dispares. No es tan sólo una cuestión de resistencia ante el avance de la tecnología, sino que el collage sonoro es lo suficientemente evocador (las voces grabadas hacen que navegemos imaginando sus dueños), rítmico (los bucles no son azarosos), o planeador (drones a modo de mantras) como para afirmar sin duda que lo que se está creando a partir de desechos es música.

De la misma manera que los espigadores recogen -directamente de los árboles en el campo o de los contenedores en la ciudad- el excedente alimenticio que les da la energía necesaria para transitar por este mundo por el que muchos vagan cámara en mano; una suerte de artistas furtivos se plantean la praxis  como un algo más allá del resultado, más allá de la belleza. Un terreno nada baldío donde la resistencia, cual jinete ante la tormenta final, no es sino puro acto vital -como algunos de los que pululan por la película- que (nos) informa que más allá del mar habrá un lugar donde el sol, abrasador, cada mañana (nos) ciegue más.

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From Onda 6 TV, 2010:

From TVE, 28.4.2010 (2min45 in):

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From Momus click Opera, 2007. source

Credit cards are the new jazz

On Saturday Hisae and I visited an installation by Ben Roberts, a British sound artist who lives in Madrid. At Radio Aporee, a gallery / living room on Bürknerstrasse, near our house, Ben had assembled some old cassette players fitted with wand-mounted VCR heads capable of reading — turning into gloopy sound — any kind of information stored on magnetic tape: the stripes on credit cards, the backs of metro tickets, old computer spools, and of course audio tape.

Ben gets most of his tech-junk from El Rastro, Madrid’s famous hillside market district. He’s a bin-diver, a re-jigger, a crank engineer. The show was trailed as “a chance to hear what your credit card sounds like”, but I was a bit nervous to “play” my bank cards; last week one of them spontaneously de-magnetized and had to be replaced. (Also I suspect the “music” my cards would make would be somewhat tragic; the sound of an electronic stomach grumbling emptily, perhaps, or 8-bit Mahler?)

Instead, I swiped the lengths of tape Ben had assembled on the gallery walls; Madrid metro tickets, old language-learning reel-to-reel tapes, ancient computer data. These all had their own distinct sounds, and were mounted on different colours of paper. It was easy to hear them as drumkits (the computer data was particularly rhythmic), vocals, solos, and so on. Soon Hisae and I were jamming “tape jazz” as if it were the most natural thing in the world.

Desgraciadamente(o no) el tiempo se nos pasó volando, y aunque nos hubiera gustado ver otro trabajo de Brandon Labelle, tuvimos que ir acercándonos al local de Cake & Coffee records, donde teníamos la segunda actuación, esta vez fuera de Tuned City pero todavía dentro de Das Kleine.
Tal como le gusta a Rinus, dejó que las cosas pasaran por sí solas y sin orden ni hora fija. Así fué. Harold Schellinx puso una pequeña exposición con sus “found tapes”, cassettes encontradas, mientras ahí mismo enseñaba y editaba algunas de ellas. Sin programa fijo pero sin parar. Me recordó el proyecto migration tapes de la amiga Zöe Irvine. El norteamericano actualmente residente en Madrid Ben Roberts nos explicó su trabajo, e hizo una demostración de las cassettes que encontró en el mercado de segunda mano de Berlín. Sin grandes intenciones ni pretenciones, nos pareció un trabajo peculiar y agradable el suyo, y por lo poco que pudimos conocerle, como Ben mismo.
daskleine1.jpg
Nuestra presentación fue aún más informal. Aunque en un principio utilizamos radios para enseñar los archivos de Soinumapa, al final, y para aprovechar el buen tiempo, pasamos la tarde hablando con Rinus sobre los aproyectos de Audiolab(entre ellos Soinumapa), Arteleku y otros temas. Oier también sacó su ordenador y el amplificador, y puso banda sonora a la entrevista. Más que un concierto o una conferencia, fue una especie de programa de radio improvisado, y todos lo pasamos fenomenal.
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